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¿Por qué es tan difícil hablar en público?

La comunicación es inherente al ser humano. Necesitamos hablar, expresar nuestras ideas y sentimientos y no siempre nos sentimos preparados para eso. En las más variadas situaciones que vivenciamos, desde una reunión informal, un encuentro con amigos, o en los desafíos profesionales, somos solicitados de forma directa o indirecta para exponer nuestras ideas y objetivos, para compartir nuestra forma de pensar y de percibir el mundo, nuestros significados y significantes.


El hablar en público puede convertirse en un gran sufrimiento tanto emocional como físico, pues está relacionado con el miedo humano a no ser aceptado o respetado. Para seres sociales como nosotros, la aceptación y el respeto del otro interfieren directamente en el desarrollo de nuestro sentido de existencia, de ahí que sea un tema tan amplio y complejo.

El hablar en público es, para algunas personas, una situación tan amenazadora que el cuerpo echa mano de todas las alternativas posibles para protegerse. Son corrientes los relatos de sensación de temblor, taquicardia, hiperhidrosis, dolores estomacales y de cabeza, entre otros síntomas físicos. Recuerdo una escena que me ha expuesto un cliente, referente a su experiencia traumática de hablar en público… ¡Me sentí como una liebre a punto de ser atacada por aquel bando de leones!... Lo único que conseguía pensar era en lo eterno de aquellos minutos… ¡No conseguía recordar siquiera un solo renglón del trabajo que durante días había preparado para presentar!...
En este ejemplo, el miedo ha perdido su función natural de proteger a la persona y la ha paralizado, bloqueándole el acceso a su arsenal de conocimientos, lo cual le aportaría toda la seguridad y tranquilidad necesarias para ejecutar la tarea que se había propuesto. Todas las posibilidades de emplear sus recursos propios para salir de aquella situación habían desaparecido, como si el individuo, durante aquella fracción de segundo, hubiese perdido su identidad.
El conocimiento que coleccionamos durante nuestra vida, nos define y con eso nos orienta en nuestras opciones y actitudes. Lo que conocemos de nuestro interior, de nuestros deseos, gustos, características, potenciales y limitaciones es lo que nos da la sensación de fuerza o de fragilidad ante los desafíos que surgen en la vida.

La seguridad es un sentimiento construido a partir de ese tipo de conocimiento personal, y la inseguridad está construida por nuestros mitos, nuestras verdades incuestionables y principalmente, nuestros miedos. En situaciones de estrés algunos individuos generalmente pierden ese link interno, esa brújula personal, perdiendo así los propios parámetros. En ese momento los miedos y las fantasías se hacen dueños, abriendo un espacio donde el otro (o los otros) siempre ocupa un papel de perseguidor fuerte, sin miedo, feroz y principalmente cruel.

Otro punto importante en la dificultad de hablar en público, además de la inseguridad interna, es la búsqueda de un modelo construido por nuestras idealizaciones y fantasías de lo perfecto, imaginario y que no es real. La ilusión es necesaria para el desarrollo emocional pues necesitamos del sentimiento de seguridad que nos proporciona; la realidad es necesaria, pues nos hace falta la objetividad que ella nos aporta, que nos da la sensación de existir concretamente, de ser vistos, observados, amados y aceptados, y trae consigo la certidumbre de que existimos. La madurez emocional cuenta con esos dos puntos de apoyo, pues del área de la ilusión nacen la fantasía y la esperanza que auxilian y protegen, y del área de la realidad nace el mundo objetivo, que da seguridad y concreción.

Son innumerables las situaciones en que el miedo actúa de esa forma; el conocido blanco que aparece en situaciones de pruebas o evaluaciones de lo más diverso, es lo más corrientemente relatado entre esos síntomas. El miedo a la exposición está ligado al miedo a la evaluación negativa, a la reprobación y principalmente al ridículo.
Todos esos miedos debilitan el coraje y la autodeterminación, trabando los conocimientos que posee el individuo acerca de sí mismo, sus valores y sus competencias, haciéndolos inaccesibles para él.

¿Y de dónde nace todo esto?

La forma de presentarnos en el mundo está directamente relacionada con la percepción que tenemos sobre nosotros mismos, cada detalle que compone esa presentación está cargado de mitos y verdades personales, características y peculiaridades, construidas a lo largo de nuestras vidas. Cómo nos vestimos o cómo empleamos las palabras, nuestros gestos, gustos y preferencias, cuentan algo acerca de nosotros, de nuestra cultura y de nuestras creencias.

¿Y cuál es el camino para resolver esa dificultad?

El camino más eficaz es el desarrollo de tu autoestima y el fortalecimiento de tu seguridad interna, procurando identificar y desatar los mitos personales que interfieren negativamente en tu auto-percepción.

Este es un camino de auto-conocimiento y puede hacerse a través de la psicoterapia. En este proceso tendrás un espacio protegido para cuidar de esas y de otras cuestiones de orden emocional que muchas veces atrancan tu vida, causando sufrimiento e impidiendo tu desarrollo personal.
Lo mismo que acudimos a un especialista para tratar los dolores del cuerpo, muchas veces necesitamos un especialista para tratar los dolores emocionales, lo que ayudará a hacer que nuestra vida sea más placentera y feliz.

 

Por: Sirley R. S. Bittu

Traducción : Teresa

 


Direitos Autorais deste texto – Dra. Sirley Santos Bittu.
O texto está registrado de acordo com a lei de Direitos autorais.

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