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Las Familias y los Nuevos Tiempos

Los tiempos son nuevos y con ellos aumenta nuestra necesidad de perfeccionar y revisar nuestros modelos.


En la familia clásica tradicional el hombre constituía la principal y única fuente de rentas, él era el pilar, la estructura de la casa. De la mujer se esperaba el cuidado del hogar y de los hijos; a pocas era permitido ejecutar trabajo externamente. La mujer mantenía con el paso de los años una característica de dependencia afectiva y económica, tanto del marido como de los hijos.
El modelo emocional acompañaba a ese patrón de agresividad y fuerza para el hombre y de pasividad y fragilidad para la mujer.

Actualmente esos conceptos han venido cambiando considerablemente. La agresividad, principalmente en su aspecto de impulso para la vida, la determinación, la capacidad intelectual, la avidez para los negocios, la productividad e incluso la fuerza física ya no son atributos referidos apenas al sexo masculino. Al igual que la generosidad, la fuerza emocional, la capacidad de amar, la capacidad de expresar sentimientos y emociones, ya no se miran como atributos esencialmente femeninos.

La sociedad está gradualmente desarrollando la capacidad de reconocer esos atributos como necesidades para el auto desarrollo personal, inherentes tanto a hombres como a mujeres. Esa clásica división: hombre fuerte / mujer frágil, resultante de una sociedad patriarcal, ya no tiene lugar en los días de hoy.

El desarrollo emocional y social de la mujer ha colaborado para que ella asumiese más espacio en la sociedad, alterando con ello nuestro concepto de familia. Al paso que las mujeres han empezado a reflexionar de forma más amplia acerca de su papel en el mundo, por consiguiente lo han modificado significativamente.

Hoy la mujer trabaja fuera y las tareas del hogar se aceptan cada vez más como algo que corresponde a todos los de la casa y no solamente a la parte femenina de la familia. Pese a esto, es natural que todavía haya muchas personas que no logren adaptarse a estos nuevos tiempos principalmente aquellas que tienen en esas tareas sus referentes de masculinidad o feminidad. Esto ocurre porque algunas personas se reconocen a partir de lo que hacen concretamente, entendiendo esas habilidades como únicas, perdiendo así la noción de sus potenciales y posibilidades.

Ciertamente el hombre también ha cambiado su forma de proceder, ha aprendido a hablar de sentimientos, a protestar por tanta responsabilidad y ha pasado a tener el coraje de asumir su propia fragilidad.

Son cambios radicales que interfieren directamente en nuestra concepción de la familia. Hoy tenemos nuevos parámetros construidos a través de la realidad social y cultural que estamos viviendo; esos parámetros cambian nuestra forma de comportarnos, pero no cambian lo esencial, lo que une a las personas en torno a una institución llamada familia.

Siempre resalto en mis artículos que no podemos perder de vista que el ser humano es un ser social, y ha de estar en relación para desarrollarse emocionalmente, para aprender a lidiar con las alegrías y con las frustraciones.

La familia es nuestro segundo útero, es nuestro útero emocional. A partir de ella desarrollamos nuestras creencias y nuestra perspectiva del mundo. El modo de entender todo cuanto vivimos, el filtro que empleamos para decodificar nuestras vivencias, empieza a construirse a partir de lo que aprendemos con las personas directamente implicadas en nuestro desarrollo. Esa proximidad afectiva, proporcionada por el grupo familiar, nos enseña a amar y a relacionarnos, y esto me parece inmutable. Por más que las personas reinventen su guión o cambien las funciones que cada uno ejerce dentro de la familia, aún sigue siendo necesaria la armonía entre los papeles que cada cual desempeña, y sin duda sigue siendo esencial el ejercicio del amor, del respeto y de la responsabilidad.

La familia continúa siendo, pese a todos los cambios que vivimos, un lugar para que desarrollemos esos atributos e iniciemos nuestra vida social de forma adecuada y equilibrada.

 

Por: Sirley R. S. Bittu
Traducción : Teresa

 


Direitos Autorais deste texto – Dra. Sirley Santos Bittu.
O texto está registrado de acordo com a lei de Direitos autorais.

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